Nuestra esperanza en el sufrimiento
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.
2 Corintios 1:3-4.
Hoy quisiera compartirles sobre el sufrimiento en medio de las pruebas, algo que ya todas hemos experimentado. En medio del sufrimiento, muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones, y sentimos como si el mundo se nos viniera encima. Llegamos hasta pensar que nadie nos puede ayudar a salir de ahí o que simplemente el sufrimiento no tendrá fin, pero la Biblia nos anima a confiar en nuestro Dios, sabiendo que Él está con nosotras y que nuestro dolor no es en vano.
El Salmo 34:18 nos recuerda: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu." Dios no nos abandona en la aflicción, por el contrario está más cerca de lo que imaginamos.
Nuestro Dios es un Dios fiel, que cuida de cada una de nosotras y al cual ningún detalle se le escapa. Por eso, Romanos 8:28 nos da esperanza: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien", aunque ahora no entendamos el propósito del dolor, Dios siempre puede transformarlo en algo bueno para nuestra vida.
Somos consoladas para consolar. Dios obra en medio del sufrimiento y lo permite por alguna razón, ya sea para que aprendamos a perdonar a alguien, para tener más amor por nuestros compañeros de trabajo, para mejorar nuestra comunión con nuestros hermanos en la fe, por ejemplo, o para aun en medio de la desesperanza, aprender a esperar en Él. Pero lo que sin duda ocurre en nosotras, es que Dios nos santifica y nos ayuda a ser más como Cristo, por medio de las pruebas (Hebreos 12:11).
J.C. Ryle escribió del sufrimiento: “No hay nada que muestre mejor nuestra ignorancia como nuestra impaciencia durante las pruebas. Olvidamos que cada dolor es un mensaje de Dios, con la intención de hacernos bien. Las pruebas están hechas para hacernos pensar, para despegarnos del mundo, para dirigirnos a la Palabra de Dios, para ponernos de rodillas. La salud es algo bueno, pero la enfermedad es mucho mejor si nos lleva a Dios. La prosperidad es una gran misericordia; pero la adversidad es una mayor si nos trae a Cristo…”
Qué hermosa perspectiva del sufrimiento, que Dios consuele nuestros corazones para que podamos consolar a otros y llevemos la esperanza del Evangelio.
Por último, en 2 Corintios 4:17, Pablo nos anima a mirar más allá de las dificultades presentes: "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria."
Lo que sufres hoy no durará para siempre, y Dios usará incluso este tiempo difícil para fortalecer tu fe y tu carácter. Es en estos momentos donde más debemos acercarnos a Dios para no ser invadidas por nuestros pensamientos engañosos, es donde más debemos buscar a Dios y descansar en Él, no en nuestras propias fuerzas. Cuando sintamos que nadie nos entiende o nos puede ayudar, recordemos que Cristo sufrió hasta la muerte y que Él, mejor que nadie, nos puede entender y traer consuelo a nuestras vidas. No estamos solas, Dios está con cada una, sosteniéndonos y guiándonos hacia la meta final, hacia un futuro de esperanza. Llevemos a otras a ese consuelo.
Sara Vasquez Reyes